26 de juny de 2009

Sherlock Holmes - Pepe Carvalho, un viaje de ida y vuelta. Vicent Llorca



Hace unos años, no recuerdo cuantos, oí el rumor de que a Pepe Carvalho le quedaban sólo dos aventuras por vivir. Especificaba el rumoreador que la última se llamaría Milenio y que tendría un número cercano al millar de páginas. En ella acabaría sus días el detective gallego. Matar al personaje es un tema recurrente en la novela criminal.
Sherlock Holmes nació para la literatura en 1878 y en 1891 es arrojado a las Reichembach. Allí se habría quedado de no interceder la madre del propio autor por su vida. No sólo resucitó, sino que vivió 104 años.
Holmes pertenece a una época en que los héroes eran superiores a quienes los creaban. Estaban muy cerca de los dioses, incluso en algo les aventajaban: carecían de pasiones. Paradójicamente fue la guerra la que humanizó el género policial. Convirtió a sus protagonistas en bajitos y maniáticos (Poirot), gordos y misántropos (Wolfe), padres de familia numerosa (Charlie Chan)… Los crímenes eran ecuaciones matemáticas con un número finito de términos. Con la solución acaba la historia.
El cambio se produce al otro lado del océano, un indeterminado día de 1929, el año de la caída de la Bolsa. Un atildado detective de la Pinkerton pronuncia su propio “no es eso, no es eso”. Escribe Cosecha roja, una buena colección de crímenes irresolubles algunos de los cuales vienen directamente causados por la intervención del detective protagonista: Continental Op. El detective, en la vida real era un profesional a favor de quien le pagara, sea para romper una huelga o para dar un escarmiento. De la metamorfosis a individualista paradigma de una cierta idea de ética no da tiempo a hablar aquí. Sí hay que apuntar la novedad de la llegada de la subjetividad a la novela policíaca. Los relatos se cuentan en primera persona; a ras de suelo.
El género, cuando regresa a Europa, ha perdido la inocencia. Ahora tiene color negro. Néstor Luján se pregunta: “¿Qué demonios ha venido a hacer la política en la novela policíaca?” La verdad es que, en pleno franquismo el género detectivesco adquiere un inesperado auge. La razón quizá esté en que se lee en clave de venganza, como afirma Arcadi Espada que se leía El Conde de Montecristo.
Pepe Carvalho entra en escena como sin querer en Yo maté a Kennedy. Se mantiene dentro del género hasta El laberinto griego pero aportando una determinada intelectualización de sus normas.
Si la naturaleza hubiera imitado al arte quizá se hubiera mantenido así. Y Roldán se habría quedado en Brasil, amancebado con una bailadora de samba treinta años más joven que él. Roldán ni vivo ni muerto queda a un paso del surrealismo más puro. Tras este rubicón queda la nostalgia por lo que fue y pudo no haber sido, magníficamente expresada en el recuerdo de unos versos de Gabriela Mistral, tal como tiempo ha recordó otro poema no menos bello de Pavese. Carvalho ha perdido a Bromuro y a Charo. Le queda Biscuter con quien al parecer da la vuelta al mundo en el antenombrado Milenio. Quizá también lo acompañe el placer que precede a la degustación de un buen plato porque nunca fuimos tan felices como el día antes de la revolución. O siga quemando libros para desaprenderse a 451 grados Farhenheit, "temperatura a la que se enciende el papel. Y arde.”

Vicent Llorca, especialista en novel·la negra i membre de Círculo Holmes. Barcelona

2 comentaris:

  1. por que no ponen la epoca a la que pertenece pepe carvalho y la produccion literaria

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  2. Bueno, en el apartado "El cànon de la sèrie Carvalho" aparece el año de publicación de cada título, que van de 1972 a 2004.
    Un cordial saludo,

    Biblioteca la Bòbila

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